¿Llega a su fin el triángulo doloroso de Cuba, la UE y EEUU?

Cuba y la Unión Europea (UE) firmaron un acuerdo que pone fin a la “Posición Común”, promovida en 1996 por el expresidente español José María Aznar, al unísono con la aprobación de la Ley Helms Burton en los EEUU, que recrudeció el bloqueo contra la isla.

Foto Raquel Pérez

Foto Raquel Pérez

Tal vez por ese antecedente, esta semana la UE se comprometió con La Habana a que las relaciones bilaterales no cambiarían por la presión del próximo presidente de EEUU, Donald Trump, el cual ya amenazó con terminar el proceso de distención iniciado por Obama.

La Alta Representante de Europa, Federica Mogherini, declaró que el acuerdo con La Habana “es el resultado de un largo proceso y la llegada al poder de Trump en enero no afectará de ningún modo a las relaciones entre la Unión Europea y Cuba”.

El Canciller cubano, Bruno Rodríguez, no se mostró tan optimista. “Tendremos que ver cómo se desarrollan las cosas”, dijo pero matizó agregando su “esperanza en que las relaciones entre la UE y Cuba sigan creciendo y enriqueciendo a ambas partes”.

No hay duda de que entre La Habana y Bruselas existen fuertes diferencias en temas como los DDHH, la democracia o la economía pero en el pasado algunos de sus castigos a Cuba ocurrieron tan sincronizado con Washington que se hace difícil pensar en simples coincidencias.

Es verdad que Europa siempre ha votado contra el Embargo en la ONU pero no es menos cierto que la Posición Común, aplicada contra Cuba cuando el país estaba inmerso en una gravísima crisis económica, contribuyó a hacer más “eficiente” el bloqueo de EEUU.

Acompañando una ofensiva de EEUU, en 2003 la UE se lanzó a sancionar a Cuba por las condenas de prisión impuestas a 75 disidentes. El asunto se limitó a reducir la cooperación, evitar visitas de alto nivel e invitar a los disidentes a las recepciones diplomáticas.

Durante 5 años las relaciones se congelaron. Fidel Castro ridiculizó la cooperación europea, los diplomáticos no eran recibidos en Cancillería y ningún político ni personalidad de la cultura asistía a sus recepciones, razón por la que se llamó “la guerra de los canapés”.

En 2008, me organizaron en Londres una reunión con una diplomática de la UE, interesada en saber cómo ven los ciudadanos cubanos las sanciones. Le respondí que la mayoría ni se habían enterado porque los empresarios europeos siguieron invirtiendo, los turistas llegando y las comunidades cooperando.

Evidentemente el encuentro era parte de un sondeo, ese mismo año Bruselas decide terminar con las “sanciones”. Entonces el canciller español Miguel Ángel Moratinos dice una frase reveladora, “el gobierno de EE.UU. podrá comprobar que en la UE tenemos nuestros intereses y nuestra autonomía en política exterior”.

Con la Posición Común tardaron demasiado debido al veto de algunos países y a que, al parecer, no sabían nada de las negociaciones entre Washington y La Habana. Apenas se enteran comenzó el corre-corre por llegar a un acuerdo, entonces fue Cuba quien se lo tomó con calma.

Cuando todos los astros parecían alinearse para la normalización de las relaciones entre la UE y Cuba, el cambio presidencial en Washington amenaza con un viraje político que ponga fin al “deshielo”, tan laboriosamente tejido por Raúl Castro y Barack Obama.

Muy pronto la Unión Europea podría verse otra vez ante la disyuntiva de mantener una política independiente hacia La Habana -aguantando el temporal que le puede llegar desde Washington- o volver a sumarse a las viejas estrategias de presión estadounidenses.

Un buen síntoma fue el anuncio oficial de que el Presidente de España quiere visitar Cuba pronto. Las paradojas de la política pueden ser sorprendentes, Mariano Rajoy, además de dirigir el gobierno, preside el Partido Popular, el mismo que promovió en 1996 la Posición Común.

El viraje de Madrid recibió el aplauso de Berlín. El portavoz del Ministerio de Exteriores Alemán, Martin Schäfer, valoró además que la política restrictiva “no tuvo resultados positivos” y recordó la importancia de Cuba en la región, dado que “es un país influyente en Centroamérica y en todo el ámbito hispanohablante”.

Tal vez estemos ante un nuevo comienzo. El propio Canciller cubano, Bruno Rodríguez, durante la firma del acuerdo en Bruselas aseguró que los lazos bilaterales “entre la UE y Cuba no pasan por Washington”. Sería muy saludable para ambas partes que así fuera.

Tomado de: Blog cartasdesdecuba (autor Fernando Ravsberg)

Author: DimeCuba

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